Pymes y emprendedores
Qué hace un estudio contable online: los servicios, uno por uno
Todo lo que resuelve un estudio contable online: monotributo, impuestos, sueldos, sociedades, balances y administración. Qué incluye cada servicio.

"Contador" es una palabra que la mayoría usa sin tener del todo claro qué hay adentro. Se sabe que tiene que ver con impuestos y que aparece cuando hay que presentar algo, pero la lista concreta de lo que un estudio resuelve rara vez está escrita en algún lado.
Este artículo es esa lista. Recorre los seis grupos de servicios que ofrece un estudio contable que trabaja online, qué incluye cada uno y en qué situación te toca. No es un folleto: la idea es que puedas ubicar tu caso y saber qué pedir, incluso si terminás trabajando con otro estudio.
Qué significa "online" en un estudio contable
Significa que el trabajo se hace a distancia de punta a punta: la documentación viaja digitalizada, las presentaciones ante ARCA (ex AFIP) se hacen con clave fiscal, los organismos provinciales tienen sus propios portales y la comunicación va por WhatsApp, mail o videollamada.
No cambia nada de fondo. Un contador público matriculado firma igual, la responsabilidad profesional es la misma y los papeles que se presentan son los mismos. Lo que cambia es que no hace falta que estés en la misma ciudad, y que las cosas se resuelven en el momento en que aparecen en vez de esperar a la próxima visita.
Hay un solo límite real: los trámites que exigen presencia física de la persona, como una certificación de firma ante escribano o algunos turnos presenciales que todavía piden ciertos organismos. En esos casos el estudio te arma la carpeta, te dice exactamente adónde ir y con qué, y el resto lo hace por vos.
1. Monotributo
Es el punto de entrada de la mayoría de los que empiezan a trabajar por su cuenta. Los servicios que se agrupan acá son trámites concretos ante ARCA, cada uno con su momento:
El alta de monotributo es la inscripción inicial: elegir la actividad correcta, la categoría que corresponde y darte de alta para poder facturar. La recategorización es la revisión semestral obligatoria, que se hace en febrero y agosto, y en la que se compara lo facturado en los últimos doce meses contra los topes de cada categoría.
Después están los trámites que aparecen cuando algo cambia: la modificación de datos cuando cambiás de domicilio, sumás una actividad o cambiás de obra social; la baja cuando dejás de trabajar por tu cuenta o pasás a otra figura; la solicitud de CUIT para quien todavía no lo tiene; y el punto de venta, que es lo que habilita a emitir facturas electrónicas.
La cuota mensual vence el día 20 e incluye tres componentes: el impuesto integrado, el aporte jubilatorio y el aporte a la obra social. Es una distinción que importa, porque explica por qué dejar de pagar no es solo "deber impuestos": también corta el aporte previsional y la cobertura médica.
2. Impuestos
Acá entra todo lo que va más allá del monotributo. El caso más frecuente es el de quien queda como responsable inscripto, sea porque superó los topes del monotributo, porque su actividad no está permitida en el régimen simplificado o porque sus clientes le exigen factura A.
Siendo responsable inscripto aparecen obligaciones que antes no tenías. La liquidación de IVA es mensual y consiste en restar el IVA de lo que comprás del IVA de lo que vendés. Las alícuotas habituales son 21 %, 10,5 % para ciertos bienes y servicios y 27 % para algunos servicios públicos.
El impuesto a las ganancias es anual y grava el resultado de tu actividad, con anticipos a lo largo del año. Bienes personales mira otra cosa: no lo que ganaste sino lo que tenés al 31 de diciembre.
Y está ingresos brutos, que es provincial y suele ser el que más sorprende, porque muchos descubren que lo deben recién cuando les llega una intimación. Si trabajás en más de una provincia entra el Convenio Multilateral, que reparte la base imponible entre las jurisdicciones donde operás. Podés ver cómo funciona en cada provincia según dónde estés.
Cuando la deuda ya existe, el servicio es otro: armar un plan de pagos que sea sostenible, en vez de adherirse al primero que ofrece el sistema.
3. Sueldos y laboral
Desde el primer empleado en blanco se abre un frente entero. La liquidación de sueldos es mensual y no es solo calcular un neto: hay que aplicar el convenio colectivo que corresponde a la actividad, descontar los aportes, calcular las contribuciones patronales, emitir el recibo y presentar la declaración jurada de cargas sociales.
Las altas y bajas de empleados tienen su propio trámite ante ARCA y hay que hacerlas antes de que la persona empiece a trabajar. La ART es obligatoria y no es opcional ni postergable. Y los convenios e inspecciones son la parte que aparece cuando el sindicato o el Ministerio de Trabajo golpean la puerta.
4. Sociedades
Si el negocio deja de ser una persona y pasa a ser una empresa, cambia el marco. La constitución de una sociedad —SAS, SRL o SA— define quiénes son los socios, cómo se reparte el capital y quién administra.
Después hay una vida societaria que hay que sostener: los trámites ante la IGJ o ante la dirección de personas jurídicas de tu provincia, las actas y libros rubricados que registran las decisiones de los socios, y eventualmente la disolución cuando la sociedad deja de operar. Una sociedad que se abandona sin cerrarla sigue acumulando obligaciones.
5. Balances y certificaciones
El balance general anual es el estado contable de la empresa cerrado a una fecha. Lo exige el organismo de control, pero sirve para algo más concreto: es el documento con el que un banco, un proveedor grande o un posible socio evalúan si la empresa está sana.
La certificación de ingresos es el documento que te piden cuando trabajás por tu cuenta y necesitás demostrar cuánto ganás: para un crédito, un alquiler o una visa. La firma un contador público matriculado y se legaliza en el Consejo Profesional. Las certificaciones para bancos son la variante que piden las entidades financieras con su propio formato.
6. Pymes y emprendedores
Es el grupo que acompaña el ciclo del negocio. El inicio de actividad reúne todas las inscripciones que hay que tener antes de emitir la primera factura, que casi nunca son una sola. Los microemprendedores tienen un recorrido más corto pero con las mismas trampas.
Y la administración contable es para cuando el volumen ya no entra en una planilla: registración, conciliaciones, control de proveedores y la información al día para poder decidir.
Cómo saber qué te corresponde a vos
La forma más rápida de ubicarte es preguntarte tres cosas: qué figura fiscal tenés hoy, si tenés empleados y si operás como persona o como sociedad. Con esas tres respuestas ya sabés en cuáles de los seis grupos caés.
Lo que no conviene es contratar por trámite suelto cuando en realidad tenés una situación continua. Quien factura todos los meses y tiene empleados no necesita "que le hagan la recategorización": necesita a alguien que le mire el conjunto, porque las decisiones de un frente afectan a los otros.
Podés ver el detalle de cada servicio o escribirnos por WhatsApp contándonos tu caso. Te decimos qué te corresponde, incluso si es menos de lo que pensabas.
Esta nota es información general y no reemplaza el asesoramiento sobre tu caso particular. La normativa de ARCA cambia seguido: si vas a tomar una decisión, consultanos. Cómo elaboramos nuestro contenido.